EL DUEÑO QUE TODOS SUBESTIMARON

Capítulo #1

 1 — El muchacho de la campera de cuero


En una de las avenidas más concurridas de la ciudad existía un lugar donde los jóvenes amantes de las motocicletas se reunían cada tarde.


Sus motos eran impresionantes: máquinas deportivas, brillantes y costosas. Sus dueños presumían de ellas como si fueran símbolos de superioridad.


Aquella tarde, un joven caminaba tranquilamente por la vereda. Llevaba una sencilla campera de cuero negra, unos jeans gastados y unas botas algo viejas. Su rostro era sereno y su mirada humilde.


Al pasar frente al grupo, escuchó las risas.


—Miren quién viene por aquí —dijo uno de los muchachos.


El joven continuó caminando, pero al ver una de las motocicletas se detuvo unos segundos para observarla.


—¿Te gusta? —preguntó burlonamente su dueño—. Puedes mirarla todo lo que quieras, pero ni siquiera te imagines teniendo una moto así. Cuesta más de lo que probablemente ganarás en toda tu vida pobre


Los demás comenzaron a reír.


El joven miró al muchacho y respondió tranquilamente:


—Una moto puede ser muy cara... pero eso no hace más valioso a quien la conduce.


Las risas se apagaron durante unos segundos.


—¿Y tú qué sabes de motos? —preguntó otro.


El joven sonrió.


—Más de lo que imaginan.


Y siguió caminando.


Ninguno de ellos sabía que acababan de burlarse del hombre que había organizado la carrera de motocicletas más importante de toda la ciudad.


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 Capítulo 2 — Un desafío inesperado


Al día siguiente, los mismos jóvenes volvieron a reunirse.


Mientras hablaban de la gran carrera que se realizaría el fin de semana, apareció nuevamente el muchacho de la campera de cuero.


Esta vez se acercó directamente al grupo.


—Escuché que habrá una carrera —dijo.


—Sí —respondió el presumido—. Pero no es para cualquiera.


—¿Y qué se necesita para participar?


—Una buena moto, experiencia y dinero.


El joven soltó una pequeña sonrisa.


—Entonces supongo que no tendrán problema en aceptar un nuevo participante.


Todos lo miraron sorprendidos.


—¿Tú? ¿Con qué moto?


—Con una que tengo guardada.


El presumido soltó una carcajada.


—¡No me hagas reír! ¿Acaso vas a competir con una bicicleta?


El joven se quitó lentamente los guantes de las manos.


—Te propongo algo.


—¿Qué?


—Una carrera. Tú contra mí.


Los demás comenzaron a animarlos.


—¡Acepta! ¡Acepta!


El joven presumido sonrió.


—Está bien. Pero cuando te gane, tendrás que reconocer delante de todos que no tienes ninguna posibilidad contra nosotros.


—Acepto —respondió el muchacho.


—¿Y si pierdes?


El joven lo miró fijamente.


—Entonces habrás aprendido algo.


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Capítulo 3 — La moto misteriosa


Llegó el día de la carrera.


Miles de personas se habían reunido alrededor del circuito.


Los jóvenes llegaron con sus mejores motocicletas. Todos hablaban de quién sería el ganador.


El muchacho de la campera de cuero todavía no aparecía.


—Seguro se arrepintió —dijo el presumido entre risas.


De pronto, las luces de la entrada se encendieron.


Una motocicleta negra, elegante y extremadamente potente apareció lentamente.


El piloto llevaba casco oscuro.


Nadie reconoció al conductor.


—¿Quién es? —preguntaban.


El organizador anunció por los parlantes:


—¡Bienvenidos a la carrera más importante de nuestra ciudad!


Los motores comenzaron a rugir.


El presumido miró aquella motocicleta misteriosa.


—No importa quién seas —murmuró—. Voy a demostrar quién es el mejor.


Los competidores ocuparon sus posiciones.


El semáforo se puso en rojo.


Tres...


Dos...


Uno...


¡SALIDA!


Las motos arrancaron a toda velocidad.


El presumido tomó rápidamente la delantera.


—¡Eso es! —gritaban sus amigos.


Pero en las últimas curvas, la motocicleta negra comenzó a acercarse.


Una curva.


Otra.


Una recta.


Y finalmente, en los últimos metros, el misterioso piloto aceleró.


¡Cruzó la meta primero!


El público explotó en aplausos.


El presumido quedó completamente desconcertado.


—¿Cómo pudo ganarme?


El piloto se quitó el casco.


Todos quedaron en silencio.


Era el joven de la campera de cuero.


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Capítulo 4 — La gran revelación


El muchacho bajó de la motocicleta y caminó hacia el grupo.


El joven presumido no podía creerlo.


—¡Tú...!


El muchacho simplemente sonrió.


En ese instante, los parlantes del circuito volvieron a encenderse.


La voz del presentador anunció:


—¡Señoras y señores, tenemos una sorpresa para todos!


El público guardó silencio.


—El hombre que acaba de ganar esta carrera no es un participante cualquiera.


El joven permaneció tranquilo.


—¡Él es el organizador y principal responsable de esta competencia!


Los muchachos se miraron entre ellos.


Pero todavía faltaba algo.


—Y además... —continuó el presentador— es el propietario de varias de las motocicletas que ustedes han admirado durante años.


Los jóvenes quedaron con la boca abierta.


El presumido recordó inmediatamente sus palabras:


*"Ni siquiera te imagines tener una moto así."*


El joven se acercó a él.


—Ahora entiendes por qué nunca me impresionó tu moto.


El muchacho bajó la cabeza.


—Yo... no sabía quién eras.


—Precisamente —respondió—. Y ese es el problema. Me juzgaste sin conocerme.


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## Capítulo 5 — La verdadera lección


El joven no se burló de ellos.


En lugar de presumir sus riquezas, decidió enseñarles algo mucho más importante.


—¿Saben por qué nunca les dije quién era?


Nadie respondió.


—Porque quería ver cómo trataban a alguien que ustedes creían inferior.


El presumido sintió vergüenza.


—Te pedimos disculpas.


El joven asintió.


—Las disculpas son importantes, pero cambiar la manera de pensar es mucho más importante.


Luego señaló las motocicletas.


—Estas máquinas son increíbles. Pero ninguna de ellas puede convertir a una persona arrogante en una buena persona.


Los jóvenes escuchaban atentamente.


—El verdadero valor de un hombre no está en el precio de su moto, de su ropa o de su casa. Está en la manera en que trata a los demás.


El joven que se había burlado de él finalmente extendió la mano.


—¿Podrías perdonarme?


El joven estrechó su mano.


—Claro. Pero recuerda algo: nunca vuelvas a mirar a alguien por encima del hombro solamente porque parece tener menos que tú.


El muchacho sonrió avergonzado.


—Lo recordaré.


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## Capítulo 6 — La carrera que cambió sus vidas


Pasaron las semanas.


El joven siguió organizando carreras, pero aquella vez decidió hacer algo diferente.


Invitó a todos los muchachos que se habían burlado de él.


No para competir contra ellos.


Sino para enseñarles.


Comenzaron a entrenar juntos. Aprendieron sobre mecánica, seguridad, disciplina y respeto.


El antiguo presumido fue uno de los que más cambió.


Un día, mientras limpiaba su motocicleta, vio al joven de la campera de cuero acercarse.


—¿Sabes algo? —dijo—. Antes pensaba que tener la moto más cara me hacía mejor que los demás.


—¿Y ahora?


El joven sonrió.


—Ahora entiendo que una persona puede tenerlo todo y seguir siendo pobre... si no tiene humildad.


El joven de la campera de cuero le dio una palmada en el hombro.


—Ahora sí entendiste.


Desde aquel día, aquel grupo dejó de reunirse para presumir.


Se reunían para compartir su pasión por las motocicletas, ayudar a otros jóvenes y organizar carreras donde lo importante no era demostrar quién tenía más dinero, sino quién tenía más disciplina, respeto y corazón.


Y cada vez que alguien nuevo llegaba con una motocicleta sencilla, ellos eran los primeros en darle la bienvenida.


Porque nunca olvidaron al misterioso muchacho de la campera de cuero.


### Enseñanza


**Nunca juzgues a una persona por su ropa, su apariencia o por lo que aparenta tener. Puede que aquel a quien desprecias hoy sea la persona que mañana te enseñe una de las lecciones más importantes de tu vida.**


### Moraleja


**La verdadera grandeza no se mide por el precio de una moto, por la cantidad de dinero ni por las cosas que poseemos

. Se mide por nuestra humildad, por la forma en que tratamos a los demás y por nuestra capacidad de respetar incluso a quienes creemos que tienen menos que nosotros.**


**Porque quien necesita presumir de lo que tiene para sentirse superior, demuestra que todavía no ha descubierto lo que realmente vale.**