EL CAMINO QUE CAMBIÓ SUS VIDAS


ESCENA 1 — UN ENCUENTRO INESPERADO


La tarde comenzaba a caer sobre el campo. El sol iluminaba suavemente la carretera y los extensos pastizales, mientras a lo lejos se podía ver una pequeña casa rodeada de animales.


A unos metros de la carretera, un hombre trabajaba la tierra con su azada. Su ropa estaba ligeramente marcada por el esfuerzo y algunas gotas de sudor recorrían su rostro. Era un hombre de apariencia fuerte, tranquilo y seguro de sí mismo.


De pronto, una mujer apareció caminando entre los pastos.



Era elegante y claramente no pertenecía a aquel lugar. Llevaba ropa de ciudad, lentes de sol sobre la cabeza y un recipiente rojo de combustible en su mano.


Caminaba con cierta dificultad entre los pastos, intentando mantener la elegancia a pesar del cansancio.


El hombre levantó ligeramente su sombrero al verla acercarse.


La mujer sonrió y se aproximó.


CHICA:

Hola muchacho... disculpe que lo interrumpa de su labor.


El hombre se puso de pie sin soltar su azada. Con su mano libre se limpió la palma frotándola contra su pantalón y después extendió la mano hacia ella.


HOMBRE:

Ya estaba terminando... ¿en qué la puedo ayudar?


La mujer pasó el recipiente rojo a su mano izquierda y saludó al hombre con su mano derecha.


Cuando sus manos se encontraron, ella levantó la mirada y observó detenidamente el rostro del hombre.


Por un instante pareció olvidar completamente el motivo por el que había llegado.


Había algo en aquel hombre que la había sorprendido.


Después de soltarse las manos, ella se acomodó el cabello con un dedo, intentando recuperar su compostura.


Pero su preocupación volvió inmediatamente.


CHICA:

Es que estoy en un grave problema... mi coche se quedó sin gasolina y... se me descompuso el GPS y no sé exactamente dónde estoy.


El hombre la observó en silencio durante unos segundos.



Ella había llegado hasta allí buscando desesperadamente ayuda, sin saber que aquel encuentro aparentemente casual estaba a punto de cambiar el rumbo de su vida.


El hombre sonrió ligeramente.


Y mientras la tarde seguía avanzando, ninguno de los dos podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir.


ESCENA 2 — UNA AYUDA INESPERADA


La mujer permaneció frente al hombre sosteniendo el recipiente rojo con su mano izquierda.


Había logrado encontrar a alguien, pero todavía no sabía si aquel desconocido podría ayudarla.


Lo miró fijamente al rostro.


Su expresión mezclaba desesperación, cansancio y una creciente admiración por aquel hombre.


CHICA:

Eres la primera persona que veo en kilómetros.


La mujer levantó ligeramente los hombros y sonrió tímidamente.


Después, con una voz dulce y tierna, casi como si le costara pedirle aquel favor, volvió a mirarlo directamente.


CHICA:

Dime que tenés un poco de combustible para ayudarme...es que no podré caminar otro rato más con éstos zapatos.


El hombre sonrió levemente.


Por primera vez, su expresión mostró un pequeño gesto de diversión ante la situación.


HOMBRE:

Ese es tu gran problema?


Sonrió ligeramente antes de continuar.


HOMBRE:

No se preocupe que yo tengo el combustible.


La mujer dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.


Su rostro cambió inmediatamente y apareció una sonrisa sincera.


Por un instante, parecía haber olvidado el cansancio de sus piernas.


Miró nuevamente al hombre.


Había algo en la forma tranquila en que él hablaba, en su seguridad y en aquella sonrisa, que hacía que ella se sintiera protegida.


CHICA:

Usted es mi héroe joven.


El hombre sonrió discretamente.


Levantó la azada y la acomodó sobre su hombro.


Después miró a la mujer directamente a los ojos.


HOMBRE:

Vamos a la casa por el combustible.


Los dos comenzaron a caminar juntos hacia la casa.


Ella caminaba a su lado llevando el recipiente rojo en su mano izquierda, mientras él avanzaba con la azada sobre el hombro.


La cámara se alejaba lentamente y comenzaba a elevarse sobre ellos.


Desde arriba, el campo parecía interminable.


La carretera quedaba atrás.


La casa se acercaba poco a poco.


Pero ninguno de los dos sabía que aquel simple viaje hacia la casa no sería solamente para buscar combustible.


Porque mientras caminaban, algo inesperado estaba comenzando a nacer entre ellos.


Y lo que ella todavía no sabía era que aquel hombre guardaba una historia que cambiaría por completo la razón por la que había llegado hasta aquel lugar.


La cámara continúa elevándose.


Los dos siguen caminando hacia la casa.


La imagen se aleja lentamente hasta dejar a ambos pequeños en medio del enorme campo.


Y justo cuando están a punto de llegar...


CORTE A NEGRO.


CONTINUARÁ...


La historia de ellos apenas comienza.


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