LA AYUDA A UNA DESCONOCIDA CAMBIÓ SU VIDA... PARTE 2
Arturo tenía apenas 25 años y llevaba semanas esperando una oportunidad que pudiera cambiar su vida.
Aquella mañana se había preparado con cuidado para asistir a una entrevista de trabajo en una de las empresas más importantes de la ciudad. No tenía grandes recursos, pero sí algo que siempre había conservado: las ganas de salir adelante.
Sin embargo, el día anterior, una fuerte lluvia había arruinado sus planes.
El tráfico había sido terrible y Arturo llegó demasiado tarde al enorme edificio donde tenía su entrevista. Cuando finalmente consiguió llegar, ya no le permitieron ingresar.
Había perdido aquella oportunidad.
O eso creía.
Al salir del edificio, mientras caminaba bajo la lluvia, vio a una mujer elegante parada cerca de la entrada.
La mujer parecía tener unos 45 años. Estaba completamente mojada por la llovizna y su elegante pantalón se había roto en una de las piernas. Intentaba mantener la compostura, pero se notaba que tenía frío y que algo no estaba bien.
Arturo pasó junto a ella.
Pero después de unos pasos se detuvo.
La miró nuevamente.
No sabía quién era.
No sabía qué hacía allí.
No sabía que aquella mujer estaba relacionada con el mismo edificio donde él acababa de perder una entrevista.
Solo vio a una persona que necesitaba ayuda.
Arturo regresó.
Se acercó rápidamente y, con voz tranquila y amable, le dijo:
—Señorita... por favor tome éste paraguas.
La mujer se dio la vuelta ligeramente y lo miró directamente.
—¿Por qué?... y usted se va a mojar todo.
Arturo hizo una pequeña mueca amable, como intentando demostrarle que aquello no tenía importancia.
—No se preocupe por mi.
Le entregó el paraguas.
La mujer lo tomó y lo colocó sobre su cabeza, todavía confundida.
Entonces Arturo se quitó rápidamente su abrigo antes de que terminara de mojarse y se acercó a ella.
Con cuidado, la arropó con el abrigo para protegerla del frío.
Después sonrió levemente.
La mujer lo miró sorprendida.
Aquel joven no le había preguntado quién era.
No le había pedido nada.
Ni siquiera sabía su nombre.
Simplemente la había ayudado.
Con una expresión de agradecimiento, la mujer le dijo:
—Gracias caballero... hoy no fue un buen día para mí.
Arturo solamente sonrió.
La lluvia continuaba cayendo sobre él mientras la mujer comenzaba a sentirse un poco más protegida por el paraguas y el abrigo.
Durante unos instantes permanecieron en silencio.
Hasta que la mujer decidió contarle lo que había sucedido.
—Al salir del trabajo un ganchito de la puerta rompió mi pantalón.
Miró por un instante la parte rota de su pantalón y después volvió a mirar al joven.
—Al salir se cierra la puerta... olvidé mi pasé de entrada...mi coche no llega y ahora me mojé todo.
Sonrió levemente ante lo absurdo de su situación.
Arturo la escuchó con atención.
Entonces respondió:
—Entonces estamos dos...yo por culpa de la lluvia llegué súper tarde a una entrevista y tendré que volver mañana a ver si me dejan pasar.... pero valió la pena.
La mujer lo miró con curiosidad.
—¿Valió la pena? Porque lo dices.
Arturo la miró fijamente y respondió con total sinceridad:
—Porque pude ayudar a alguien que necesitaba.
Aquellas palabras dejaron a la mujer en silencio.
Había algo en aquel joven que le había llamado profundamente la atención.
No sabía que él acababa de perder una oportunidad laboral.
No sabía cuánto necesitaba aquel trabajo.
Y Arturo tampoco sabía quién era realmente aquella mujer.
Poco después, la lluvia comenzó a detenerse.
Un automóvil negro y lujoso apareció en la calle.
Un chofer descendió, caminó hasta la parte trasera y abrió la puerta.
La mujer miró hacia el vehículo.
Después volvió a mirar a Arturo.
Le devolvió el paraguas.
También se quitó el abrigo y se lo entregó.
—Muchas gracias... cuál es tu nombre?
Arturo respondió:
—Soy Arturo...un placer.
La mujer lo miró durante unos segundos.
—Soy Sandra...y gracias otravez...nos vemos.
Sandra se dio la vuelta y caminó hacia el automóvil.
Entró en la parte trasera.
El chofer cerró la puerta, rodeó el vehículo y se colocó al volante.
El automóvil comenzó a avanzar hasta desaparecer por completo de la vista.
Arturo se quedó solo en la calle.
Miró en la dirección por donde se había marchado el vehículo.
No podía imaginar que aquel encuentro estaba a punto de cambiar su vida.
Para él, Sandra seguía siendo simplemente una desconocida.
Al día siguiente, Arturo regresó al enorme edificio.
Esta vez llevaba su camiseta gris y su pantalón oscuro completamente secos. Se había peinado y procuraba verse presentable.
Entró al lujoso lobby y se acercó a la recepción.
La recepcionista lo atendió.
Arturo respiró profundamente.
Todavía tenía cierta preocupación por lo ocurrido el día anterior.
Miró fijamente a la recepcionista y dijo:
—Vengo por la entrevista de ayer...Perdón es que no pude llegar a tiempo.
La recepcionista lo miró directamente al rostro.
—¿Su nombre caballero?
Arturo respondió:
—Arturo Mendez.
La recepcionista revisó la información en su computadora.
Pasaron unos segundos.
Entonces levantó la mirada.
Su expresión cambió ligeramente.
—Si acá lo tengo...que raro....pero la gerente general lo espera en la oficina principal....en el ascensor último piso.
Arturo quedó sorprendido.
No esperaba que la gerente general lo estuviera esperando personalmente.
La recepcionista señaló hacia los ascensores.
Arturo asintió.
—Muchas gracias.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia los ascensores.
Mientras avanzaba, no podía evitar preguntarse por qué la gerente general quería verlo.
¿Qué podía querer una persona de ese nivel con alguien como él?
¿Qué había encontrado la empresa en su solicitud?
Y, sobre todo...
¿por qué lo estaban esperando?
Arturo tomó el ascensor y subió hasta el último piso.
Cuando las puertas se abrieron, salió y se encontró frente a una enorme puerta de madera tallada, elegante y sofisticada.
Tocó el timbre.
La puerta se abrió automáticamente.
Al fondo de la oficina había una mujer sentada detrás de un enorme escritorio.
Arturo avanzó unos pasos.
Entonces la cámara de su mirada se encontró con el rostro de aquella mujer.
Y el mundo pareció detenerse por un instante.
Era ella.
La mujer de la lluvia.
La desconocida a quien había ayudado el día anterior.
Sandra lo estaba esperando.
Arturo se quedó completamente sorprendido.
Sandra lo miró fijamente y sonrió ligeramente.
—Como estás Arturo....estaba esperando a que llegues...soy Sandra Montero.. gerente general y dueña de ésta empresa...por favor acércate y toma asiento.
Arturo no podía creerlo.
La mujer a quien había protegido de la lluvia era la dueña de la empresa donde él buscaba trabajo.
Se sentó frente a ella.
Todavía estaba tratando de asimilar lo ocurrido.
Finalmente, con incredulidad, la miró directamente al rostro.
—Sandra?...encerio es usted?....que sorpresas dá la vida.
Sandra sonrió levemente.
Pero no parecía sorprendida.
Al contrario.
Parecía haber estado esperando exactamente ese momento.
Entonces le dijo:
—Ayer me ayudaste sin pensar dos veces.... hoy yo quiero devolverte ese favor.... dijiste que faltaba para limpieza acá pero....yo quiero que seas mi chofér y asistente personal si gustas....el puesto es tuyo si lo aceptas que dices.
Arturo quedó completamente paralizado.
No esperaba aquella propuesta.
Él había llegado buscando un puesto de limpieza.
Ahora la dueña de la empresa le estaba ofreciendo algo completamente diferente.
Un puesto como su chofer y asistente personal.
Todo por haber hecho algo que, para él, había sido simplemente ayudar a una desconocida.
Arturo la miró fijamente.
Su respiración comenzó a acelerarse ligeramente.
Intentaba comprender lo que estaba sucediendo.
Sandra permaneció en silencio, observándolo.
Por primera vez, Arturo entendió que aquel encuentro bajo la lluvia quizá nunca había sido una simple coincidencia.
Pero todavía había una pregunta que solo él podía responder.
¿Aceptaría la propuesta de Sandra?
¿O decidiría rechazarla y continuar buscando su propio camino?
Arturo permaneció en silencio frente a ella.
Sandra esperaba su respuesta.
Y justo cuando parecía que Arturo estaba a punto de hablar...
LA ESCENA TERMINA.
CONTINUARÁ...
La historia continuará en la siguiente escena, en esta misma página.
Y será entonces cuando descubriremos qué decisión tomará Arturo y qué consecuencias tendrá aceptar —o rechazar— la inesperada propuesta de Sandra.








