LA MUJER QUE NADIE CREYÓ
PARTE 3 — LA PETICIÓN
El joven millonario acababa de recibir una orden inesperada de la joven que había logrado calmar a Trueno.
La miró fijamente y, con voz amable pero autoritaria, le dijo:
—Señorita.
Ella permaneció en silencio.
El corral quedó completamente tranquilo.
Frente a ellos estaba Trueno, el enorme caballo frisón blanco que durante días había desafiado a todos los hombres que intentaron montarlo.
Pero ahora estaba tranquilo.
Y permanecía junto a aquella joven como si confiara plenamente en ella.
El joven millonario no podía dejar de pensar en lo que había sucedido.
Durante varios días, sus hombres habían intentado montar a Trueno.
Habían utilizado fuerza, experiencia y diferentes métodos.
Nadie había conseguido hacerlo.
Pero aquella joven había logrado algo que parecía imposible.
En apenas cinco minutos había conseguido que el caballo dejara de luchar y aceptara su presencia.
El joven quería saber cómo lo había hecho.
Por eso mantuvo la mirada sobre ella y le dijo con voz firme, autoritaria, pero amable:
—Éste caballo me costó 200 mil dólares... si usted me cuenta cómo hizo para calmarlo... como si nada... ahora lo soltaré.
La joven escuchó atentamente.
No respondió de inmediato.
En lugar de eso, giró lentamente hacia Trueno.
El enorme caballo permanecía tranquilo.
Ella levantó su mano y comenzó a acariciar suavemente el pelaje blanco del animal.
Su mano se desplazó lentamente por su cuello.
Trueno no se apartó.
No relinchó.
No intentó levantarse.
Simplemente permaneció junto a ella.
Los hombres que observaban la escena quedaron sorprendidos.
El mismo caballo que momentos antes parecía imposible de controlar ahora permitía que aquella joven lo acariciara con absoluta tranquilidad.
El capataz permanecía unos metros atrás.
Ya no tenía la expresión arrogante de antes.
Ahora observaba en silencio.
El joven millonario tampoco apartaba la mirada.
Quería comprender qué había visto aquella joven en Trueno que todos los demás habían ignorado.
La muchacha dejó de acariciar lentamente al caballo.
Después levantó la cabeza.
Miró fijamente al joven millonario.
Su expresión era tranquila, pero había algo en sus ojos que hacía pensar que había tomado una decisión.
Finalmente habló:
—Le diré... pero quisiera pedirle algo.
El silencio cayó nuevamente sobre el corral.
El joven millonario quedó sorprendido.
El capataz levantó ligeramente las cejas.
Los vaqueros se miraron entre ellos.
Nadie esperaba aquella respuesta.
El joven había ofrecido liberar a Trueno si ella le explicaba cómo había conseguido tranquilizarlo.
Pero ahora la joven había puesto una condición.
Y nadie sabía cuál era.
Ella permaneció junto a Trueno, mirándolo durante unos segundos antes de volver a fijar sus ojos en el joven.
El patrón no respondió inmediatamente.
La observó tratando de comprender qué podía estar detrás de aquella petición.
¿Quería dinero?
¿Quería quedarse con Trueno?
¿Quería algo relacionado con el rancho?
¿O acaso había llegado hasta aquel lugar buscando algo que ninguno de ellos imaginaba?
El capataz comenzó a ponerse nervioso.
La situación ya no estaba bajo su control.
La joven había llegado al corral como una desconocida.
Todos se habían burlado de ella.
Después había conseguido tranquilizar al caballo que nadie podía controlar.
Y ahora tenía al patrón esperando escuchar qué quería a cambio de revelar su secreto.
Trueno permanecía tranquilo junto a ella.
La joven sabía perfectamente lo que iba a pedir.
Pero todavía no estaba dispuesta a decirlo.
El joven millonario mantuvo la mirada sobre ella.
La tensión aumentaba segundo a segundo.
Nadie hablaba.
Nadie quería interrumpir aquel momento.
Todos esperaban la respuesta.
Pero la joven guardó silencio.
Porque lo que estaba a punto de pedir podía cambiarlo todo.
Y quizá no tenía nada que ver con dinero.
Quizá tampoco tenía que ver con Trueno.
Tal vez aquella joven había llegado a ese lugar por una razón que todavía nadie conocía.
Una razón que podía cambiar para siempre la relación entre ella, el joven millonario y el caballo.
El joven finalmente comprendió que tendría que esperar.
La respuesta estaba a punto de llegar.
Pero no sería en ese momento.
Porque la historia de la mujer que nadie creyó todavía tenía muchos secretos por revelar.
Y ahora todos querían saber una sola cosa:
¿Qué le pediría la joven al patrón a cambio de contarle cómo había conseguido calmar a Trueno en apenas cinco minutos?
La respuesta quedaría para la próxima escena.
CONTINUARÁ...
LA HISTORIA AÚN NO TERMINA.
EN LA PRÓXIMA ESCENA, LA JOVEN REVELARÁ SU MISTERIOSA PETICIÓN AL PATRÓN.
HISTORIA ORIGINAL DE👇




